La recurrente convivencia con los objetos hace que el entorno, de tan recurrido y visto, sea ordinario y evidente.
Los objetos nos habitan, pero también olvidamos que nosotros somos quienes en realidad los habitamos;
esta serie nos hace ver las cosas fuera de lo ordinario para darnos cuenta de que el poder estético
se encuentra también en los objetos fríos y característicos de la vida práctica de todos los días.

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